Cuando Gibson volvió a despertar no lo hizo de manera placentera. Enseguida notó la sangre sobre sus ojos, y ese fuerte zumbido que amortiguaba los gritos. Tardó unos segundos en recordar que estaba atado a una silla en una especie de caverna de color rojizo. Su cabeza estaba conectada mediante cables a una máquina que mostraba diferentes códigos y un dato: 55% completado.

Un nuevo golpe, esta vez en sus doloridas costillas. ¿Le quedaría alguna sin romper? Una espesa niebla recubría sus recuerdos que parecían sonidos distorsionados. Veía en su memoria a ese indeseable de… ¿cómo se llamaba? Daba igual, pensaba, recuerda, vamos recuerda. Ese hombrecillo bajo, regordete y con múltiples tics era un traficante. No parecía nadie importante, pero…

—Este cabrón es duro de cojones, aún sigue consciente.
—¿Qué esperabas? Es el jefe de los Corsarios, pero ya empieza a estar preparado.

60% completado, ¿qué le estaban haciendo? Podía ver los ecos del momento del asalto. Trasladaba al preso desde la estación Tridente de Neptuno. ¿Cómo se llama ese tío? No podía encontrar ese hilo de memoria. Tenía que llevarle hasta la estación militar de Urano, donde sería juzgado, una misión simple, un favor que hacía a los engreídos del ejercito Aliado.

Debía reunirse con su tripulación en una zona segura a mitad de camino de Urano. Odiaba pilotar uno de esos pequeños Dragon de combate del ejercito. Como buen Corsario, solo le gustaba su nave.

Un fuerte golpe hizo que todos sus recuerdos desaparecieran. Vomitó, posiblemente sangre.
—Es el momento, hazle entrar. Di a todos que se pongan los tapones.

65% completado. Un escudo paramilitar con dos serpientes emergió entre sus recuerdos. Era el escudo de las tres naves que destruyeron su sistema de navegación y le capturaron.

Paramilitares… pero ¿qué querían de este tipo? Es un don nadie. Tenía que ser una encerrona, alguien les había filtrado su ruta. Gibson se movía por la bruma de sus recuerdos hasta que se le heló la sangre al ver entrar al Banshee. Estos pseudo humanos mutados por la radiación, y la enfermedad del Sol Ardiente, provocan pavor solo por su apariencia, carne derretida sobre lo que una vez fue una cara, color rojizo y extremidades deformes, pero se les llama Banshee por algo.

Lanzó un grito casi inaudible que penetró por todo su cuerpo como fuego. Sus recuerdos se resquebrajaban como el cristal en una tempestad de dolor y sufrimiento. Nunca había sentido nada igual.

90% completado. Ante sus ojos comenzaron a pasar recuerdos de una manera muy viva. Apareció su infancia, donde vivía como podía en los duros suburbios de la mega ciudad de Londres. Sintió el ataque de los cosechadores a la nave que le transportaba de joven, donde fue capturado y convertido en esclavo. Se vio aprendiendo a pilotar naves trabajando para el cosechador Asramat, el mejor piloto del Sistema Solar, pero también haciendo lo que fuera por sobrevivir. Revivió su lucha para salir de los clanes de los cosechadores y dejar atrás esa vida de violencia en busca de una nueva oportunidad. Pero un recuerdo le golpeó con fuerza, cuando creó el cuerpo de Corsarios para el ejercicio Aliado, con el que ha cometido muchas atrocidades, ahora amparadas por leyes gubernamentales. Era un superviviente, siempre lo había sido.

El Banshee seguía gritando destruyendo la estructura cerebral y reduciendo al mínimo las potentes defensas de su chip neuronal, donde se almacenaban muchos datos sensibles de la Alianza. 95% completado.
—¡Jefe! Tenemos que salir de aquí echando hostias, el radar ha detectado la entrada de dos naves corsarias.
—Estamos muy cerca de tener acceso al chip. ¡Que siga gritando! ¿Cuánto tiempo tenemos?
—En menos de quince minutos nos tendrán a tiro.
—¡Mierda! Es nuestra única oportunidad, solo falta un 5% para desencriptar el chip. Déjale conectado al ordenador ¡nos vamos! Con un poco de suerte el virus abrirá las defensas y nos mandará la información antes de que lleguen—Le propinó un fuerte golpe que le hizo perder de nuevo el conocimiento—. Esto es por el asalto a Próxima 7, bastardo.

Pasaron los minutos, el aire reciclado de la gruta olía a rancio, pero poco a poco volvía a recobrar la conciencia. Los sopletes trataban de derribar la enorme puerta metálica que tenía delante que finalmente cedió con gran estruendo. Notó unas manos que lo sujetaban y le desataban mientras las voces se hacían cada vez más claras. Mut apareció borrosa ante él, con su largo pelo rojo y una amplia sonrisa mientras le daba de beber de una cantimplora.
—¡La leche! Solo quedaba un 1% de lo que le estuvieran haciendo—gritó un Corsario, cortando los cables que salían de la cabeza de Gibson—.
—Jefe—la voz de Mut le arrancaba de las tinieblas— ¿me puedes decir que haces de picnic en esta jodida roca de Pholus?
—¿Pholus?—Gibson balbuceaba más que hablaba—. ¿Cómo… me habéis encontrado?
—Antes de perder tu señal pudimos captar las grabaciones del Dragon y vimos que las naves estaban llenos de partículas rojas. Pholus es el asteroide de los centauros más cercano y este color rojizo es único.
—¿El prisionero?
—Fiambre. ¿Sabías que aquí había una base minera abandonada?
—La órbita de Pholus… ¿cerca de Urano?
—Sí ¿por?
—Esos cabrones… Serpientes de Marte… en Urano tienen una base de repostaje. Trataban de acceder a mi chip neuronal… tienen un Banshee.
—¿Banshe? arrg ¿Qué quieres hacer?
—Vamos a ir a patearles el culo… y a averiguar por qué quieren acceso a mi chip.

Continuará con Mut

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Relato e ilustración pixel art creados por Daniel González

Storyteller, Diseñador de Videojuegos y creador de Gametopia y sus cursos online. Creativo en la agencia de publicidad Flas Marketing y profesor de Guion y Diseño de Videojuegos en el Master de la Universidad Politécnica de Madrid. Leer más

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