Me ocurre muchas veces, estoy escribiendo y me siento muy tentado de centrarme en los eventos que rodean al personaje, sobre todo cuando tengo un suceso desencadenante de la historia que afecta a todos, algo como el apocalipsis zombie de The Walking Dead. Una onda expansiva que va impactando poco a poco en todos ellos.

Como storytellers tenemos una visión global de la historia, conocemos todos los caminos posibles y es fácil perderse en los detalles. Tengo que tratar de cambiar mi perspectiva y ver la historia con los ojos del personaje, que solo tiene delante una pequeña parte, como si mirase por una ventana mientras que yo estoy en una azotea con visión total.

Me tengo que recordar que los eventos que hacen avanzar la trama tienen que estar al servicio del personaje, porque es él quien hace el viaje y los descubrimientos. Necesito diseñar un universo lleno de desafíos que sean oportunidades para que el personaje cambie y evolucione, si no, esos eventos no son válidos.

Para que la historia fluya, tenemos que preparar un gran desafío principal que obligue al personaje a salir de su zona de confort, pero, al mismo tiempo, tenemos que probar repetidamente su resistencia a través de problemas menores. Esa lucha constante es lo que hará que se enfrente a terribles verdades y pueda evolucionar. Por ejemplo, se dará cuenta de que no es tan valiente, tan listo o tan fuerte como pensaba y esa verdad es dolorosa.

La trama está al servicio de la vida del personaje: le cura, le rompe, le potencia…

Y no hay mejor forma para que un personaje evolucione que hacerle sufrir. Debe sentir la necesidad de que superar los obstáculos y evolucionar es la única manera de seguir adelante, que no hay posibilidad de retorno. Nadie quiere ver/leer a un personaje resolver sus problemas de manera fácil, eso lo hablamos en el artículo sobre los conflictos. Necesitamos que la historia sea tortuosa para ellos, que cuando traten de hacer lo correcto sean castigados, que sus decisiones tengan un coste terrible, etc. El sufrimiento es la carga dramática de cualquier historia.

Para poder hacerlo, debemos conocer muy bien las motivaciones que siente el personaje en todo momento. Porque tendrá sus motivaciones básicas: vivir tranquilo, comprarse una casa, irse de viaje, pero también tendrá grandes aspiraciones que significan mucho para él. Es importante conocer su estado de animo: ¿está frustrado?, ¿vive feliz?, ¿está angustiado por la falta de dinero?, etc.

Debemos mostrar esas motivaciones y estado de ánimo, o bien porque las diga en un dialogo, o mejor aún, porque le veamos en una situación que refleje sus verdaderos deseos, aquellos que oculta en lo más profundo de su ser.

Al final de todo este camino se puede jugar con la ironía y que el personaje ya no quiera lo que ha logrado, por cómo ha cambiado durante el viaje, y aquello que perdió al inicio sea lo que realmente desea ahora. La trama está al servicio de la vida del personaje: le cura, le rompe, le potencia… porque para ellos es el momento más importante de su vida, y esa es la verdadera historia.

Storyteller, Diseñador de Videojuegos y creador de Gametopia y sus cursos online. Creativo en la agencia de publicidad Flas Marketing y profesor de Guion y Diseño de Videojuegos en el Master de la Universidad Politécnica de Madrid. Leer más

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