El arte de contar historias es milenario, pero lo que más me sorprende es lo poco que ha cambiado desde sus orígenes. ¿Qué hay en nuestro cerebro que nos gustan las historias con el mismo patrón?

La Epopeya de Gilgamesh se suele considerar la narración más antigua del mundo. Se escribió en tablillas de arcilla hacia los años 2500-2000 a.C., es decir ¡un montón de años atrás!

La narrativa del poema es sencillamente fascinante. Resulta perturbadoramente moderna: Un héroe que emprende un viaje arduo, una seductora mujer al mejor estilo Hollywood, un arco transformador a modo de redención y una excelente composición de personajes secundarios dignos de mención. No es mi intención hacer un resumen de la historia, te invito a que la leas porque es muy cortita y apasionante. Aquí la tienes en .pdf, pero la puedes encontrar de manera gratuita en .epub.

Esta narrativa terminaría influyendo en grandes clásicos como la Ilíada, que luego más tarde llegaría a convertirse en la teoría del Viaje del Héroe de Campbell y Vogler llegando así hasta nuestros días.

Nuestros ancestros empezaron a contar historias como normas de vida para evitar que la gente cometiera errores

A los humanos nos gusta contar historias, sobre todo que sean de la vida de otras personas, porque podemos entender el mundo a través de sus actos, asomarnos a su conciencia para ver cómo piensan los demás y descubrir soluciones a los problemas. Es como poner una especie de orden en el caos.

¿Por qué contamos historias?

Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces. Una de las teorías que más utilizan los psicólogos es por un simple método de supervivencia. Nuestros ancestros empezaron a contar historias como normas de vida para evitar que la gente cometiera errores. “Si se lo cuento lo recuerdan y si solo les doy información no me hacen ni caso” debieron pensar los primero storytellers de la humanidad.

Un ejemplo que me encanta: “No vayas a esa montaña, parece que hay un animal salvaje rondando” Resultado: la persona no hace caso y va. Segundo intento: “¡No vayas a esa montaña! Todos los que han ido no han regresado jamás. La habita una misteriosa criatura mitad león mitad oso, cuya sed de sangre humana no conoce límite” Resultado: ehhh creo que me voy de picnic a la playa. Y cuando esa persona llega a la playa cuenta la historia a todos sus vecinos, pero añadiendo más detalles escabrosos: no solo era una bestia, eran varias y variopientas. ¡Este es el poder del Storytelling!

Un dato desde la universidad de Stanford: Las personas recuerdan la información hasta un 22% más si está dentro de un relato.

De nuevo vuelvo a la reflexión inicial, llevamos 5.000 años contando las historias de la misma manera. Muchos de los grandes storytellers nos dicen que solo hay unos 6-8 argumentos para contar historias (esto es una simplificación, pero tiene su sentido). Aunque muchos utilizan diferentes nombres, podríamos decir que hay varias fórmulas que identificamos fácilmente como: Derrotar al monstruo, desde Tiburón hasta Alíen, pasando por Beowulf; La búsqueda, La ilíada, el Señor de los Anillos, El mago de Oz…; Renacimiento, Desde la bella Durmiente hasta el Cuento de Navidad o Una persona en problemas, Como Jungla de cristal o con la muerte en los talones. Estos son solo unos ejemplos, pero te haces una idea de por donde van los tiros.

Al final, toda historia es un cambio provocado por un conflicto. Y creo que lo que realmente nos ayuda de una historia, es tener un ejemplo para identificarnos con sus problemas y así poder superar nuestra barrera de inseguridad y cambiar. ¿Qué opinas?

La ilustración de la portada es de Hassan Nozadian

Storyteller, Diseñador de Videojuegos y creador de Gametopia y sus cursos online. Creativo en la agencia de publicidad Flas Marketing y profesor de Guion y Diseño de Videojuegos en el Master de la Universidad Politécnica de Madrid. Leer más

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